
Muchos de los que investigan la violencia que se ejerce en las parejas tratan de abrirnos los ojos sobre la existencia de realidades diferentes al prototipo hombre-agresor/mujer-víctima. El alcance de estas propuestas políticamente incorrectas es pequeño y muchas veces se ven acalladas por las demandas de determinados grupos sociales a quienes conviene mantener oculta esta problemática.
Sabemos que es menos frecuente y en ocasiones menos grave, pero no por ello deja de existir y la negación de su existencia implica ignorar a las víctimas de estos fenómenos violentos a los que la sociedad no quiere prestar atención ni ayuda.
La violencia en la pareja, no es cuestión de género, o al menos, el género (y por extensión la violencia de género) no es único y no puede equivaler a que el hombre sea el agresor y la mujer la víctima. Víctimas y verdugos pueden ser de ambos sexos y este tipo de violencia se da también en relaciones homosexuales.
Políticas y reformas legales como las recientemente desarrolladas no hacen sino contribuir a mantener desigualdades sociales, entiendo que en un intento por devolver a la mujer lo que en siglos anteriores se le había robado.
Los problemas no se solucionan cerrando los ojos frente a ellos. De momento os dejo estos dos textos sobre el tema, disponibles en
madriddiario.es, que demuestran cómo algunas víctimas son menospreciadas por la “justicia” y cómo la ansiada igualdad se ha convertido en desigualdad e ignorancia.
Los hombres maltratados carecen de recursos públicos09-09-2009 - Celia G. Naranjo
Los hombres, que suponen una de cada cuatro víctimas mortales de la violencia doméstica, no tienen ningún recurso público específico al que acudir para denunciar su situación o buscar ayuda.
Los últimos datos, aportados por el Consejo General del Poder Judicial, se refieren a 2008 y hablan de 31 hombres muertos por violencia intrafamiliar o doméstica en España, lo que supone una de cada cuatro víctimas que se cobra este fenómeno.
Sin embargo, y pese a que las instituciones se han esforzado por proteger al otro 75 por ciento, las mujeres, con una Ley Integral aprobada por unanimidad e innumerables recursos —pisos tutelados, preferencia a la hora de acceder a vivienda protegida o a ayudas económicas, asesoramiento legal, atención psicológica, etcétera—, no hay nada análogo para los hombres que atraviesan su misma situación.
Hombres (y mujeres) maltratados (Cecilia C. Naranjo)Siempre me he sentido feminista. Las injusticias que persisten en nuestra sociedad, como la discriminación laboral, la negativa de algunos hombres a compartir —que no ayudar— las tareas del hogar, los prejuicios sexuales y demás diferencias hacia las mujeres deberían estar condenadas a la extinción. En teoría, es así, pero todos conocemos casos concretos de machismo. Y qué decir de la violencia contra las mujeres, la peor de todas las manifestaciones misóginas que cientos de féminas continúan sufriendo en sus carnes. Nunca se condenará, ni se combatirá, lo suficiente.
Pero ¿qué pasa con los hombres? ¿Es que siempre son verdugos, y nunca víctimas? Las estadísticas demuestran que no. Que a veces, ellos también sufren violencia, y en ocasiones a cargo de mujeres. Y en 2008, nada menos que una de cada cuatro víctimas mortales de la violencia doméstica, o intrafamiliar, fueron varones.
He aquí el problema. La igualdad, esa palabra que acude tan rápido a la boca de quienes se declaran en contra del machismo, no siempre está bien entendida. La ley no se aplica igual a ellos que a ellas cuando se trata de agresiones de pareja. Y, si bien es cierto que la mayor parte de las veces es la mujer quien la sufre, no lo es menos que los hombres merecen la misma protección que ellas cuando atraviesan una situación así. Aunque solo hubiera un caso entre mil millones, debería tratarse exactamente igual. La distinción debería ser entre víctima y verdugo, sin matices por razón de su sexo.
¿O es que la igualdad se consigue a base de restar al que le sobra, y no de sumar al que le falta?